Aprendizajes y desafíos en torno a la gobernanza de la tierra: nuestra experiencia en la Pasantía de la ILC ALC en el noreste de Nicaragua con NITLAPAN UCA

Monday, October 17, 2016

Artículo colectivo preparado por pasantes participantes de la Pasantía ILC ALC 2016.

Victorina Cúc   - Comité Campesino del Altiplano (CCDA)

Jessica Villatoro  - Observatorio Universitario de Ordenamiento Territorial (OUOT-UNAH)

Andrea Lopera Lombana  - Centro de Investigación y Educación Popular/Programa por la Paz (CINEP/PPP)

 

El programa de Pasantías para Jóvenesde la International Land Coalition – América Latina y el Caribe, enmarcado en la temática de gobernanza de la tierra centrada en las personas, fue un intercambio de conocimientos y experiencias que nos dejó un amplio aprendizaje personal y profesional, el cual nos permite valorar, analizar y comparar con mayor fundamento la situación de la gobernanza de la tierra en nuestros respectivos países. Seis mujeres jóvenes de diferentes países Latinoamericanos (Perú, Guatemala, Colombia y Honduras) viajamos a Nicaragua para participar en el intercambio. Gracias a este pudimos comprender parte del contexto político y social de Nicaragua, así como la problemática histórica de la población campesina  que se volvió más tangible y visible gracias a las visitas de campo.

El recorrido en la región noroeste de Nicaragua se realizó en los departamentos de Estelí y Matagalpa en dos grupos de tres personas cada uno. Fue impresionante conocer situaciones reales de sueños alcanzados por los campesinos en el acceso u obtención de tierras y la valoración de sus recursos. En Matagalpa se visitó la Asociación para la Diversificación y el Desarrollo del Campo (ADDAC) y en Estelí la Fundación entre Mujeres (FEM).

El recorrido en la región Noroeste de Nicaragua se realizó en los departamentos de Estelí y Matagalpa en dos grupos de tres personas cada uno. Fue impresionante conocer situaciones reales de sueños alcanzados por los campesinos y campesinas en el acceso u obtención de tierras y la valoración de sus recursos. En Matagalpa se visitó la Asociación para la Diversificación y el Desarrollo del Campo (ADDAC) y en Estelí la Fundación entre Mujeres (FEM).

Visitamos e hicimos trabajo de campo durante 3 días en El Tuma – La Dalia[1], y pudimos percibir la diversidad de formas de vida, de gentes y de culturas que perviven en esta localidad y cómo es su vínculo familiar y distintivo con la tierra y el territorio. La Asociación para la Diversificación y el Desarrollo del Campo (ADDAC), organización de base de la zona con más de 25 años de trabajo, fue nuestra anfitriona durante extensas jornadas con recorridos por  6 predios que hacen parte de su programa de acceso a tierras a través de créditos y que hoy por hoy ha pasado por dos momentos significativos: El Programa de Financiamiento del Campo (Profinca) desde 2005, y el proyecto Tierra para mujeres, oportunidades para la vida desde 2014.

Ambas iniciativas han permitido a los/las pobladores/as permanecer en sus territorios dignamente, brindando apoyo y acompañamiento técnico en la producción agrícola y pecuaria. Las mujeres propietarias de las fincas Granadillo, el Yale, Yale El Castillo, Kilile, La Pita y Aguas Amarillas nos acogieron mostrándonos la diversidad de sus producciones, sus deliciosos elotes y sus fértiles tierras. Durante estas visitas observamos el ahínco con el que señoras como doña Norma, Elixfelex y Carmenza han podido construir una vida campesina que les ha permitido acceder a títulos de propiedad sobre tierras en el marco de estas iniciativas que van de 7 a 10 manzanas en donde cuentan con animales y cultivan maracuyá, fríjol, muchos elotes y  café. En sus terrenos también están sus casas en donde se comparte en familia los afanes de cada día.

Observando la cotidianidad de la gente, se percibe que la producción agropecuaria es más que un aspecto económico, vimos el caso de don Pedro y doña Zenaida, quienes han ampliado su finca el Yale de 4 a 14 manzanas, la cual fue adquirida vía crédito con el apoyo de ADDAC. Esa ampliación responde a un anhelo familiar:  a la posibilidad de heredar un pedacito de tierra a sus cuatro hijos -2 mujeres y 2 hombres- para que, al igual que ellos, tengan un lugar para vivir como campesinas y campesinos en la zona rural de El Tuma.

Otra experiencia es la de la señora Edilma y su esposo Rudi quienes adquirieron 10 manzanas para ampliar las 35 con las que ya contaba el señor para separar el novillaje de las vacas que están criando terneros y dando leche, juntando esta forma de producción con el cultivo de café, fríjol y ahuyama.

Los momentos más significativos fueron las caminatas, los recorridos por ciertas parcelas y las llegadas a los predios, que a veces incluyeron lindas aventuras con lodo, pantanos y - excepcionalmente -  agradables cabalgatas. A pesar de que los pobladores no sabían en muchos casos por qué los visitaba un grupo de extranjeras, siempre nos recibieron con cordialidad y amabilidad, mostrando su vínculo con esa tierra que han trabajado y habitado y en la que han construido y continúan construyendo sus proyectos de vida.

El trabajo de ADDAC es de admirar, sin desconocer que todavía queda mucho camino por recorrer y muchas dificultades que superar. Entre los desafíos podemos mencionar la  sostenibilidad de los créditos de cara a la renegociación de los pagos con criterios solidarios o  el empoderamiento de las mujeres como actores con poder de decisión sobre las tierras y la econonía familiar

Siguiendo el recorrido, tuvimos un acercamiento con el trabajo de Fundación Entre Mujeres (FEM) en el Departamento de Estelí, organización que trabaja en la búsqueda de alternativas para las mujeres rurales inspirada en la lucha contra las desigualdades de género. FEM  impulsa 3 rutas de empoderamiento: ideológico para promover espacios de toma de conciencia sobre la subordinación de las mujeres y fomento de la conciencia crítica del modelo neoliberal; económico para promover el acceso a la tierra, soberanía y seguridad alimentaria, acceso a las tecnologías alternativas, producción diversificada, agro cadenas alimentarias y la comercialización; y el empoderamiento organizativo para fomentar la articulación de las mujeres en la comunidad y el  trabajo colectivo.

Visitamos diferentes zonas donde trabaja la FEM  junto con representantes de la Fundación. Una fue la Comunidad de San Pedro de Pueblo Nuevo, en donde se enfrentaron a un contexto altamente machista –producto del sistema patriarcal–  en donde a  las mujeres no se les permitía acceder a la tierra en el pasado porque “la tierra no era para las mujeres”. Tras su llegada a la comunidad, FEM trabajó con las mujeres en su empoderamiento y el reconocimiento de sus derechos y deberes. En la actualidad, aún hay hombres en la comunidad que creen que las tierras “no son para mujeres”, a lo cual se resisten las mujeres hoy empoderadas. Actualmente las mujeres están organizadas e inscritas en cooperativas sólo de mujeres e impulsan cadenas de valor completas: trabajan en la producción, procesamiento y comercialización. Ellas también han tenido éxito aumentando la producción y la diversificación, combatiendo la roya en las plantaciones de café, y elaborando abonos orgánicos y compost.

Además, visitamos El Colorado, Pueblo Nuevo, en donde las mujeres nos contaron que FEM nació en el seno de las mujeres campesinas de las comunidades, quienes se veían limitadas en sus derechos y posibilidades al no saber leer ni escribir y no tener acceso a la tierra.

Con la revolución sandinista y la reforma agraria –proceso que implicó la expropiación de la tierra de manos de aquellos que la habían acumulado indiscriminadamente para repartirla a aquellos que no la tenían– algunas mujeres lograron tener acceso a la tierra.  Sumado a ello, con el apoyo de FEM, se ha logrado que las mujeres se valoren y tengan formación en salud sexual y reproductiva. FEM también ha brindado la logística necesaria para conformar la cooperativa que las provee de insumos para sus cultivos. Actualmente las mujeres cuentan con un espacio para la casa sede, parcelas demostrativas y un reservorio de semillas criollas para producción y rescate con el fin de mitigar los riesgos.

Finalmente visitamos Los Llanos, donde observamos una gran  solidaridad entre las mujeres que conforman la Cooperativa COOPEMUJER.  Al igual que en las otras comunidades, las mujeres  impulsan exitosas  actividades orientadas a la producción orgánica y siembra de varios cultivos (elaboración de abono orgánico, banco de semillas, etc.)  y cuentan con parcelas diversificadas en terrenos pequeños, lo cual es un ejemplo de producción para garantizar seguridad alimentaria. Fue interesante ver a las mujeres expresándose con seguridad: “Cuando tuvimos nuestra tierra aprendimos a trabajarla para no estar pidiendo y no depender, dominar el lugar en el hogar, ser mujeres inteligentes y  compartir la experiencia con otras mujeres”. “La FEM ha sido un gran logro, ya que gracias a la Fundación  pudimos organizarnos, aprendimos que podemos como mujeres tener tierra”. “Se concientizó a las mujeres para participar en el proceso de alfabetización, este proceso era complicado para algunas mujeres, ya que el marido o los hermanos decían que si las mujeres no aprendieron de niñas no aprenderán de grandes, pero no es cierto, pues acá hay muchas mujeres que han aprendido y que han cursado el quinto grado”.

Una de las reflexiones que extraemos de nuestro recorrido es que los proyectos visitados son sostenibles y se consideran exitosos gracias al abordaje de la Fundación que ha trabajando junto con las mujeres campesinas en un proceso de transformación personal, contribución social, con acciones definidas y acompañamiento en todo el camino, lo cual ha sido realmente significativo.

Pero todavía hay mucho por hacer, las nuevas metas deben considerar la búsqueda de mecanismos que concienticen a los hombres sobre el valor del trabajo de las mujeres. Se requieren  estudios o sistematizaciones que demuestren el impacto/alcance del trabajo de FEM como organización. También es de interés estudios orientados a validar las investigaciones empíricas que realizan las mujeres campesinas, desarrollar programas que motiven el involucramiento directo de jóvenes con la tierra, generar guías de diversificación para evitar monocultivos y mejorar la seguridad alimentaria, seguir la lucha por el  acceso a tierra para los/las que no la tienen siguiendo los procesos ya conocidas en Nicaragua (impulso de leyes y políticas económicas y sociales), así como buscar apoyo y generar presión para conseguir la documentación sobre titulación de la tierra y sobre áreas que ya fueron asignadas a las mujeres campesinas gracias al apoyo de FEM.

En líneas generales, podemos decir que  las experiencias vividas en campo  con la gente que se levanta diariamente a pensar y a construir su futuro, han superado nuestras expectativas.

 

 

 

 


[1] Municipio perteneciente al departamento de Matagalpa, ubicado en la Región Central de Nicaragua.