Mujer Rural y Derechos a la Tierra: fortaleciendo el cuidado de la vida, de la tierra, del territorio y las comunidades

Judith Flores Chamba/SIPAE
Wednesday, October 25, 2017

El Encuentro Mujer Rural y Derecho a la Tierra, realizado en Colombia, enmarcado en la Iniciativa Multipaís de la Coalición Internacional para el Acceso a la Tierra, abrió un espacio rico para el intercambio y diálogo sobre las inquietudes de las mujeres rurales y el acceso a la tierra.  

 

a.-  Colombia se mueve por la paz

 

Alforja campesina proletaria,
olorosa a trigo nuevo y a quebrada,
y te quiero por ser hija de mi brazo
y hermanita menor del calabazo.

Luis Mejía Godoy

La diversidad de instituciones y países presentes en Colombia para el Encuentro Mujer Rural y Derecho a la Tierra, enmarcado en la Iniciativa Multipaís[1] de la Coalición Internacional para el Acceso a la Tierra, abrió un espacio rico para el intercambio y diálogo sobre las inquietudes de las mujeres rurales y el acceso a la tierra.  Para los y las representantes de los países latinoamericanos presentes (Ecuador, Perú, Argentina, Bolivia, Brasil, Guatemala) sin lugar a dudas, resultó de suma importancia visitar un país que está construyendo palmo a palmo nuevas condiciones para la Paz.   

El Centro de Investigación y Educación Popular – CINEP, institución sede del Encuentro Subregional, cuenta con una presencia importante en Colombia, sobre todo con poblaciones campesinas. A través de ellos, se pudo acceder a información y a percepciones de los principales actores en los procesos de fortalecimiento de derechos de los y las campesinas.

El encuentro en Bogotá mostró lo común que son las inquietudes, debates y expectativas del mundo rural latinoamericano.  Sin embargo, la intensa movilidad social que vive Colombia desde hace varios meses, marcada por la negociación e implementación de los Acuerdos de Paz, aportó a complejizar la lectura de la realidad, identificando la importancia del acceso a la tierra, de la autonomía del tejido social campesino y la necesidad de fortalecer la relación campo-ciudad.  En este camino, las alianzas con las organizaciones sociales son una estrategia imprescindible para el fortalecimiento del tejido organizativo colombiano, paso importante para reconocer los problemas que vive el sector campesino y rural en general, y a la par obtener respuestas solidarias desde las ciudades.

“Los retos son grandes para las mujeres que otrora combatían en la montaña, mujeres que se desenvolvían en el mundo rural de forma clandestina, que con la apertura deberán desarrollar espacios de diálogo y debate tanto en las veredas como en los sectores urbanos a los que pretenden llegar para dar a conocer su propuesta para una nación en paz. “

La metodología: muchas vías para pensar y re-pensar en colectivo

La metodología de la jornada permitió la exposición amplia y detallada del trabajo que realizan las instituciones y organizaciones de los diferentes países participantes.  Se evidenciaron ejes comunes y las particularidades de las problemáticas de las mujeres rurales.  Los enfoques no siempre son similares, pero queda claro que es posible construir marcos referenciales amplios donde quepan las diversas formas de intervenir en la realidad; en el permanente vaivén entre investigación y praxis, es posible articular esfuerzos múltiples y diversos.

El arte como vía de expresión y organización resultó muy interesante, por doble camino, el primero la socialización de la experiencia exitosa de comunicación de una parte del movimiento social rural colombiano: Getulio y Quejulia, mostró la apuesta de un grupo de comunidades por la protección del territorio; y el segundo, que permitió a las participantes dar rienda suelta a la creatividad en la tarea de pensar la identidad de las mujeres campesinas y plasmarlas en colores y diseños para pintar la Quejulia. Sin lugar a dudas, el trabajo comunicacional basado en una pedagogía para fomentar la resiliencia a los efectos de la violencia que vivió Colombia, fue clave para colocar elementos que den cuenta de la identidad de las mujeres rurales.

“Identidades entendidas en tiempos diacrónicos de resistencia, en la alegría y esperanza frente a los poderes extractivistas, en la cotidianidad del fogón y el machete, en las relaciones cambiantes con el territorio y la naturaleza, en el calor del hogar y la calle, en fin, en los saberes y sabores que fortalecen la soberanía alimentaria.”

Apuntes para el trabajo de la Iniciativa Multipaís: Mujer Rural y Derechos a la Tierra

a. El contexto

El escenario latinoamericano y mundial está marcado por múltiples crisis que vive la humanidad, resulta imprescindible tener una mirada que integre e identifique los nexos entre la crisis económica, política y ecológica; aún más desde una mirada feminista, es vital que esta lectura se conecte con la crisis de cuidados que sufre el planeta y que se refleja en los hogares, en la vida cotidiana.   Si además consideramos que el mundo rural tiene como eje nuclear la familia, entonces es de vital importancia analizar los cambios acelerados que se dan en esta estructura socio-económica – afectiva, y, en esta línea, profundizar sobre la crisis de las masculinidades que se evidencia cada día más.  

Los grupos de poder responden a la crisis económica con una propuesta de mayor expoliación y explotación irracional de los recursos naturales no renovables e incluso los renovables, colocando en riesgo la capacidad de regeneración de los ciclos vitales.  El neo-extractivismo bajo discursos nacionalistas se suma al discurso neoliberal a la hora de obtener divisas para el “desarrollo nacional”; no hay diferencias profundas en el modelo de desarrollo, asistimos a una modernización del capitalismo con leves procesos de redistribución en determinados países, se mantienen intactas las estructuras de explotación, opresión, expoliación.   En este marco, el modelo agrario sigue centrado en el agro negocio, de ahí que políticas, presupuestos, normativas e institucionalidad se compaginen para favorecer el desarrollo de territorios para la agricultura de exportación.  En esta apuesta confluyen requisitos necesarios como acaparamiento de tierras, concentración de concesiones de agua, privatización de semillas, semillas transgénicas, precarización laboral, permisos ambientales flexibles, son la combinación perfecta para trasladar los gastos “externos” a la naturaleza y a los campesinos, a cambio de la llegada de divisas al país, y por supuesto a los grandes grupos de poder.

b.  Las mujeres campesinas frente a las industrias extractivas.

En los contextos de crisis, uno de los mecanismos que utiliza el capitalismo para salir, es incrementar la presencia del trabajo reproductivo y comunitario de las mujeres para cubrir los sectores que el Estado deja de atender. A la par, se observa el incremento de la participación de las mujeres en el trabajo productivo, con altos niveles de precarización.  Esto da como resultado el incremento de la carga global de trabajo[2] en las mujeres.

Los niveles de violencia en América Latina son altos, la violencia en múltiples formas y ámbitos aqueja a las mujeres rurales, entre las principales formas de violencia está la que sufren por parte de las industrias extractivas, en la mayoría de casos, son las mujeres, las primeras en reaccionar ante la destrucción de sus ecosistemas, y también las más activas en la defensa de sus territorios. La mayoría de las mujeres que viven en el campo (campesinas, indígenas o afrodescendientes) tienen una concepción integral y de sostenibilidad de la vida comunitaria y de los ecosistemas; los roles tradicionalmente asignados las colocan con la tarea preponderante de transmisión de conocimientos y prácticas culturales de sus pueblos y nacionalidades.

Además, de las afectaciones por la extracción minera, petrolera y maderera, se suman también la ampliación acelerada de monocultivos para biocombustibles, el uso de semillas transgénicas, altos niveles de contaminación por los agrotóxicos y afectaciones a la salud de las y los trabajadores.

c. La relación campo – ciudad

Se dio un interesante debate en torno a la relación campo –ciudad, con posturas que, a pesar de confluir, colocan énfasis diferentes en las demandas.  Mientras, por un lado, se sostiene la necesidad de revisar las raíces coloniales de la inequitativa relación campo – ciudad, donde el campo es visto como el símbolo del retraso que debe ser modernizado.  Por otro lado, no se puede dejar de observar que co-existen grupos interesados en no romper y en mantener los nexos entre el campo y las ciudades, abrigando procesos de solidaridad basados en el reconocimiento del importante rol que cumplen las y los campesinos en las economías nacionales y en la alimentación de la población.

Queda abierta la tarea de profundizar las lecturas en torno a estas relaciones.  Se requiere contextualizar los cambios acelerados que viven el campo y la ciudad, las condiciones de vida, cruzadas por tiempos históricos que marcan tradición y formas de entender las realidades rurales.

“no queremos que la ciudad nos coma, estos territorios son rurales, fueron de nuestros abuelos y padres, y así queremos que sigan”

Debates a ser abordados de manera colectiva, pues no se trata de que las autoridades decidan desde el escritorio, pero tampoco se puede pensar en comunidades que logren cambios sostenibles si no inciden de manera fuerte en la estructura institucional, legislativa y presupuestaria en sus territorios, sin perder de vista las conexiones globales. Las experiencias visitadas en Bogotá muestran la importancia de que las organizaciones campesinas consoliden agendas territoriales, esto fortalecerá su incidencia en la construcción de políticas públicas que garanticen sus derechos.

d.  La feminización del campo 

Este es un fenómeno que, si bien no es reciente, se ha incrementado de manera notable durante las últimas décadas. Las mujeres rurales tradicionalmente asumían la producción para la autosubsistencia, y se observa que ahora también están ocupándose en la producción para el mercado. Las mujeres, además,  asumen también tareas comunitarias, muchas de ellas vinculadas de manera directa con el trabajo productivo y necesario para garantizar la producción de sus fincas o huertas.  Son las mujeres las que sostienen los tejidos organizativos comunitarios y familiares, necesarios para la reproducción de la vida.

La inserción voluntaria o no, de las mujeres en los ámbitos de trabajo público y comunitario conlleva al incremento de la carga global de trabajo que se observa cada vez más. La carencia de espacios y tiempos para la recreación y el cuidado de la salud marca la vida de las mujeres rurales, lo que trae como consecuencias el incremento de enfermedades crónicas y el deterioro de la calidad de vida.

e.  Relación organizaciones con el Estado: Experiencia Colombiana

En los diálogos con las representantes de las organizaciones de mujeres campesinas colombianas, se pudo observar el trabajo que desarrollan por la defensa de los derechos de las poblaciones rurales. Acciones, como la creación de la Dirección de la Mujer Rural en el Ministerio de Agricultura de Colombia, evidencia una importante capacidad de negociación e incidencia en la institucionalidad. Si bien es cierto, que ni la ley ni la estructura institucional por si solas resuelven las demandas de las mujeres, las experiencias mostraron la importancia de incidir en las decisiones de política pública que les afecta.

Los cambios que durante la última década han vivido los países latinoamericanos autodenominados “progresistas”, en su aparato institucional y marcos jurídicos, encaminados a abrir y/o fortalecer el agro negocio y la industria extractiva, deben ser entendidos en su real magnitud, pues se constató en el Encuentro que los niveles de afectación y restricción de los derechos de pueblos, nacionalidades y comunidades campesinas se han incrementado, esto se observa en los testimonios de mujeres afectadas por la introducción de cultivos transgénicos en el cono sur, por la aprobación de marcos normativos ambiguos que favorecen al agronegocio, entre otros.

¿Qué elementos nos permiten, como plataforma regional, armar una estrategia de trabajo para garantizar los derechos a la tierra de las mujeres rurales?

El debate dio para responder en diferentes niveles., un nivel macro que nos coloca con la tarea de pensar, re-pensar, y sistematizar los avances en la construcción de una epistemología campesina, que posicione con mayor fuerza la cosmovisión indígena, afrodescendiente. La cultura campesina latinoamericana es viva y cambiante, mantiene como eje articulador el cuidado de la vida, en este marco ¿qué desafíos se presentan a futuro cuando el crecimiento acelerado de extracción de recursos naturales renovables y no renovables prima sobre los derechos de las poblaciones?

En este mismo sentido, es necesario avanzar en ejes de investigación sostenidos, que permitan “identificar los principales cuellos de botella en cada país y a nivel subregional para logra el empoderamiento y fortalecer las estrategias que las organizaciones sociales han desarrollado para enfrentar los mismos”[3].  Entre las líneas a futuro se coloca la tarea de desarrollar investigaciones comparativas a nivel geográfico y temático.

Además, el intercambio de experiencias entre los países, es una estrategia clave a ser aplicada, requiere la utilización de medios de comunicación virtuales que se complementen con encuentros regionales y/o bilaterales.

La investigación sirve para fortalecer, identificar y promover los procesos emancipatorios en el campo;  nuestro accionar se enmarca en un horizonte utópico donde “la ternura y el amor fortalecen el cuidado de la vida de la tierra, del territorio y las comunidades”[4],  en un escenario donde la tónica es el incremento de la extracción de recursos por parte de los grupos de poder y  la solidaridad es la práctica emancipatoria más fuerte en América Latina.

Es importante, entonces, entender y visibilizar el papel central que las mujeres están cumpliendo en la economía de los países, en el sostenimiento de la agricultura familiar y campesina, y en la reproducción de la vida misma y ese es uno de los alcances del trabajo articulado de la Iniciativa Multipaís Mujer Rural y Derechos a la Tierra.

                                                                                 


[1] La iniciativa Multipaís Mujer Rural y Derechos a la Tierra busca fortalecer las capacidades políticas de las mujeres rurales, basadas en sus experiencias locales de diálogo, negociación e incidencia con autoridades públicas y tomadores de decisiones. Además, a través de diferentes campañas pretende generar conocimiento sobre la situación de las mujeres rurales en ALC e incidir en las y los tomadores de decisiones a nivel nacional y regional; a favor de los derechos a la tierra de las mujeres.

[2] Carga Global de Trabajo se considera la suma de horas de trabajo productivo, reproductivo y comunitario.

[3] Objetivo del Encuentro Subregional de la CBI

[4] Palabras del Subdirector de CINEP