El Programa en No violencia para la exigencia de los derechos a la tierra y al territorio

Juan Sebastian Anaya Aldana - Centro de Investigación y Educación Popular/ Programa por la Paz (CINEP/PPP)
Jueves, Diciembre 4, 2014

La organización y a la vez movimiento Ekta Parishad realiza un trabajo organizativo con pobladores rurales en exigencia del derecho a la tierra, utilizando diversas estrategias (incidencia política, acciones de resistencia como boicots y marchas) basados en las enseñanzas de Mahatma Gandhi, la no violencia y el incansable liderazgo de Rajagopal PV.  Su última gran acción colectiva fue una marcha en el año 2012 de más de 100.000 personas hasta el parlamento en Nueva Delhi, exigiendo la titulación de la tierra para los campesinos y consiguiendo la aprobación de una ley que benefició a millones de personas sin tierra. Dentro de sus estrategias preparatorias para mantener dichas marchas, se destaca lo que ellos llaman “El Poder de Uno”: los miembros de Ekta aportan un puñado de comida, una rupia diaria y su trabajo durante un día para conseguir sus loables objetivos a través de la movilización popular.

Gracias a las gestiones realizadas por la Coalición Internacional para el Acceso a la Tierra (ILC) y a la relación que el CINEP/PPP y la organización International Initiatives entablaron desde marzo de 2014 a partir de un recorrido por Nepal centrado en los derechos a la tierra de las comunidades rurales, fue posible mi participación en el Programa Internacional de Juventud en No Violencia, organizado por Ekta Parishad del 4 al 22 de septiembre en la India.

Partí de Colombia con pocas referencias sobre los lugares a visitar y los participantes del programa, pero con muchas expectativas por conocer cómo a través de acciones no violentas era posible lograr profundos cambios en las estructuras sociales y políticas de nuestros países del Sur Global.

Desde los aeropuertos de la India se empieza a sentir una mística y espiritualidad muy fuerte. La llegada a CESCI, un centro cultural en Madurai, ciudad del sur de la India, fue también desconcertante, pues encontré a más de 25 personas de distintos países, con diversas lenguas, sonriendo y cantando. Daba la impresión de que se conocieran desde semanas atrás pero todas habían llegado ese mismo día o el anterior.

Durante esos primeros cinco días del programa, convivimos en CESCI personas provenientes de Guatemala, Brasil, Estados Unidos, Zimbabue, Sudáfrica, Colombia, Senegal, Bangladesh, Nepal, Italia, Alemania, Francia, Suiza e India. Fue un arduo entrenamiento teórico sobre los principios que orientaron las acciones de Mahatma Gandhi y sus principales enseñanzas para la India, y en general para las comunidades que son explotadas y oprimidas por un modelo de desarrollo económico excluyente y desigual.

Las reivindicaciones espirituales y, a la vez, complejos conceptos como la Satya (verdad) fueron centrales en nuestro quehacer en CESCI, tal como lo han sido para los campesinos que hacen parte del movimiento Ekta Parishad. Ahi encontramos loables propósitos como alcanzar la excelencia en la vida, buscar el bienestar de todos en todos los niveles de existencia (espíritu, vida, física, alma y mente), la interiorización de la no violencia en la acción, en el pensamiento y en la palabra, entre otros.

Como la mayoría de participantes del programa veníamos de países del Sur Global, de organizaciones y movimientos sociales que buscan garantizar los derechos a la tierra y al territorio de campesinos, pobladores urbanos, afros e indígenas, las discusiones compartidas en esta primera parte suscitaron intensas reflexiones sobre la universalidad de los planteamientos de Gandhi,  la viabilidad de su aplicación o interiorización en contextos diversos y su potencialidad para fortalecer los movimientos no violentos que reclaman el  derechos como la tierra, la educación o el trabajo.

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Al respecto, quiero resaltar algunas enseñanzas, producto de años de movilización y estudio sobre Gandhi, que Rajagopal PV y Jill Carr-Harris compartieron con nosotros a los largo del programa. En primer lugar, el hecho de que siempre habrá conflictos y que más allá de aprender a superarlos, la no violencia surge como una opción de vida de solidaridad de los marginados, que busca traer cambios estructurales sostenibles en el tiempo. Igualmente, no se trata de vivir en la resignación soportando toda clase de injusticias: la no violencia es también un ejercicio en el cual la ira e indignación se convierten en energía positiva para la acción y la resistencia. Es una propuesta transformadora activa, no pasiva, que incluso debe vivirse en nuestras relaciones con la naturaleza -no solo entre seres humanos- y que privilegia la autonomía productiva local.

Después de Madurai, tuvimos un viaje en tren de 36 horas por el centro de la India hacia el norte, en donde tuvimos la oportunidad de ver paisajes hermosos y de poner en práctica el principal método de movilización de Ekta Parishad: una marcha a pie por los vagones del tren cantando e invitando a los pasajeros a movilizarse por sus derechos y en solidaridad con los campesinos sin tierra.

Nos dividimos en 4 grupos y cada uno visitó comunidades que hacen parte del movimiento de Ekta en regiones distintas. A mi grupo le correspondió el área circundante a Bhopal, aquella ciudad tristemente famosa por el accidente químico de 1984 de la empresa Union Carbide (hoy Dow Chemical Company) en el que murieron más de 15.000 personas. Nos internamos en la selva y compartimos con comunidades que han tenido logros importantes para su bienestar desde que están con Ekta. Una de ellas, tras realizar una marcha a pie a nivel local, consiguió la titulación de la tierra para decenas de familias. Otras se resisten a la declaratoria de área de conservación de tigres de su territorio, alegando que detrás de esa acción del gobierno hay intenciones de desalojarlos para darle paso a la entrada de empresas mineras.

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Algunas organizaciones han enfocado sus energías en fortalecer y reconocer el importante rol de la mujer en la economía local, a través de la conformación de cooperativas productivas y de la celebración de los nacimientos de mujeres. Esto último es fundamental y revolucionario en un país en donde el machismo y la opresión de las mujeres parecieran ser una forma de discriminación muy extendida y que se resiste a desaparecer.

La última parte del entrenamiento fue un campamento o convivencia en otro centro cultural en los alrededores de la ciudad de Katni entre quienes veníamos de otros países y 100 jóvenes líderes y lideresas de Ekta. Fue un espacio de intercambio cultural, con oraciones, bailes y cantos en distintas lenguas y de diversas religiones en la noche, y de exposiciones y trabajos en grupos en el día. En el último día del campamento realizamos una marcha unidos por unas bufandas que el grupo de afganos nos regalaron con la leyenda “Sin fronteras”.

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Retornamos a Bhopal para cerrar el programa, hicimos una extensa evaluación y proyección para continuar enlazados y con las discusiones sobre no violencia al interior de nuestras organizaciones y países. El 21 de setiembre, Día Internacional de la Paz, prendimos unas velas, caminamos con ellas por Gandhi Bavan y las dejamos en el monumento a Mahatma Gandhi. Ahí, guardamos silencio y reflexionamos con el deseo de que nuestros pensamientos y aprendizajes retornen con nosotros a nuestros países y de que las amistades hechas se encontrasen una vez más.

La experiencia en la India mostró que, a pesar de la distancia, las herencias coloniales y las diferencias en el nivel organizativo de la sociedad civil, las comunidades rurales en la India y en Colombia enfrentan problemas similares en cuanto a concentración y acaparamiento de tierras, incremento de actividades extractivas y conflictos socio ambientales, así como en relación con las dificultades en el acceso a la tierra y a activos productivos, entre otros.

Para el trabajo de acompañamiento que CINEP/PPP realiza en Colombia, en especial en las zonas de conflicto armado, lo aprendido durante el programa sobre no violencia representa un insumo de gran interés para fortalecer las organizaciones sociales con las que trabaja la organización, promoviendo acciones y opciones de vida no violentas. También anima a una apuesta por la sustentabilidad de los territorios desde la seguridad y soberanía alimentaria. Las discusiones actuales sobre el proceso de paz entre el gobierno nacional y la guerrilla FARC-EP, el momento post acuerdos y las políticas de desarrollo rural, son escenarios en los que las enseñanzas de Gandhi podrían encontrar eco y aportar para el buen vivir de las comunidades rurales.