![]() |
||||||||||
Coalición Internacional para el acceso a la tierra
| ||||||||||
Edson Teofilo Buenos días a todos y a todas. En primer lugar, quiero agradecer la invitación para participar en esta asamblea. Es un honor para mí regresar aquí a Santa Cruz. Los bolivianos son como hermanos para nosotros, los brasileños. Tenemos algunos problemas comunes y también algunas oportunidades comunes, que creo van a ayudar a nuestros respectivos países. He preparado un texto para facilitar el debate y por eso no voy a hacer una conferencia académica -porque no es el caso- pero sí que quisiera precisar algunos puntos que pueden ayudar a la reflexión y al debate que se va a generar en esta asamblea. Si tomamos para la discusión las relaciones que existen entre lo que dice la teoría económica sobre la relación entre tierra y desarrollo, yo quisiera hacer referencia a un autor muy importante en el debate económico mundial en estos momentos, que es el profesor Amartya Sen, con el fin de recuperar la finalidad social de la ciencia económica, sus principios fundadores. La economía es un medio, no es un fin en sí mismo. Por eso, su libro es una referencia fundamental para los investigadores, políticos y académicos para comprender el significado real del desarrollo. O sea, el desarrollo es libertad. Punto. La idea que quiero lanzar es la de intentar discutir qué papel juega el acceso a la tierra para conseguir un desarrollo con equidad, si existe, y si no qué pasa, qué dice la teoría económica, cuáles son las divergencias, el consenso actual y qué nos muestran algunos ejemplos, en concreto, la referencia que voy a utilizar es la experiencia que yo conozco más cerca, que es mi propio país, Brasil. Yo quiero destacar tres puntos para la discusión. El primero es una afirmación de un informe del Banco Mundial -que va a salir a final de este año- que constata que los sistemas económicos han fracasado a la hora de promover el desarrollo con equidad. Vamos a discutir un poco sobre este asunto. El segundo punto es si existe una relación entre redistribución de tierras y desarrollo, y para ello voy a recuperar textos muy importantes que son conocidos en el mundo académico pero poco divulgados en encuentros como este, que son bases teóricas muy sólidas que explican todas estas cuestiones, especialmente las imperfecciones del mercado y, en concreto, del mercado de tierras. Tenemos que comprender que este es un mercado que no funciona bien en ningún lado y especialmente en las economías en los países subdesarrollados, en América latina y otras partes del mundo. Y, finalmente, si la tierra puede promover la autonomía social de grupos marginados, eso que, a mi juicio, debería ser el compromiso inicial, principal, de un programa de reforma agraria. Sobre el fracaso de los sistemas, el estudio que está llevando a cabo el Banco Mundial sugiere que el credo neoliberal no se apoya en buenas teorías en términos de desarrollo. La hipótesis del economista Simon Kuznets de que después de crecer la economía produciría una redistribución automática de los ingresos, de la riqueza, tampoco es cierta. Esta ha sido la principal base teórica del credo neoliberal para defender que los procesos económicos tendrían una cierta automaticidad en los futuros procesos de redistribución de los ingresos. Y el caso de Brasil es un caso ejemplar de lo que nosotros denominamos como 'modernización conservadora' del campo. Hay un consenso a partir de las evidencias de los últimos 20 años de que hay dos activos fundamentales para promover el proceso social y económico, que son: la educación -los estudios más conocidos vinculan la educación a un proceso de desarrollo y de distribución del ingreso y renta- y la tierra. Los estudios sobre este vínculo entre la tierra y el desarrollo son poco conocidos, no son tan generalizados en el mundo del pensamiento y de la investigación económica. En el texto yo presento algunas de estas evidencias pero lo principal es comprender por qué los mercados no funcionan; por qué el mercado de tierras, el mercado de arriendo no son capaces por sí solos de promover lo que se denomina el 'óptimo social'. ¿Y qué sería el óptimo social? La idea de que los campesinos, los agricultores familiares son más eficientes que los grandes productores. Ya hay suficientes evidencias que avalan esta afirmación. ¿Por qué el mercado no realiza el 'óptimo social' por sí solo? Hay que comprender este hecho para precisar la necesidad de políticas públicas que sean transformadoras desde el punto de vista social, que sean reales. El Presidente de la República -que hizo una síntesis muy brillante sobre la situación de Bolivia- comentaba la necesidad de que se construya algún tipo de dialogo entre los sectores más conservadores y los más radicales que quieren solucionar un problema que es real, pero cada uno a su modo. Es obvio que el mercado, las fuerzas del mercado, no tienen la capacidad de hacerlo, por eso la necesidad de políticas públicas de tierras que tengan esta capacidad de promover el diálogo y al mismo tiempo persigan la idea del 'óptimo social'. Esto significa tierra para quien quiere producir y quiere producir bien. Es obvio que hay una deuda social fundamental. Los que tienen el derecho original a la tierra -es el caso de los pueblos indígenas, de los campesinos que viven ahí- tienen un derecho básico a la tierra pero, además, hay otros incentivos que se pueden agregar para promover el desarrollo económico sin que este desarrollo vaya en perjuicio, por ejemplo, de la conservación de los recursos naturales. Este no es un conflicto terminal. Es posible conciliar la idea de desarrollo con equidad y la conservación de los recursos naturales. Finalmente el tema para el debate que me parece el centro de todos. Sigue la tierra como el principal activo para rescatar un proceso de dominación social y política de los pobres rurales. No se puede sacar los pobres de la dominación política sin un amplio acceso al activo tierra. Eso es un hecho histórico. Las reformas agrarias incompletas, como comenta el profesor Alain de Janvry, fueron producidas justamente para no funcionar y dar argumentos a los sectores conservadores para decir que los campesinos no funcionan, no trabajan, no hacen producir a la tierra, etcétera, y de ahí construir evidencias que no son muy precisas para poder justificar sus discursos. Es obvio que el acceso apenas a la tierra no soluciona el problema del desarrollo, el problema del aumento de la producción y de la productividad. Es una obviedad con la que todos nosotros estamos de acuerdo y también los movimientos campesinos en todo el mundo. Ninguno de ellos defiende una política de tierras que implique acceso a la tierra sin acceso a otros servicios básicos, asistencia técnica, crédito, etcétera. No estamos aquí para hablar de acceso a bienes públicos - derecho a la educación, a la vivienda, a la salud-que son derechos universales y, por lo tanto, también para los campesinos. Las reformas agrarias son producidas políticamente por los sectores más conservadores de la sociedad, y si queremos un ejemplo de cómo se verifica esta afirmación podemos observar el fenómeno de la violencia urbana, que es el costo social más visible de la no distribución de la tierra. Brasil es un ejemplo claro, indiscutible. Y probablemente se están verificando casos similares de urbanización de la pobreza y de la miseria y una concentración de la violencia con costos sociales y económicos muy altos en todos los países latinoamericanos que no han llevado a cabo procesos más amplios de redistribución de la tierra. Porque también la violencia tiene un costo económico muy alto y las evidencias teóricas y empíricas ya son bastantes fuertes. Paraguay es otro ejemplo interesante al respecto que me toco estudiar durante algunos años. Yo preví al inicio de los 90 que Paraguay iba a pasar por un proceso de urbanización de la pobreza. En 1992, la capital del país, Asunción, era una ciudad pobre pero sin miseria, sin favelas , sin pobreza visible. La pobreza se concentraba en el campo. En 1994, la frontera argentina -que absorbía parte de la pobreza rural de Paraguay y también de buena parte de la pobreza rural de Bolivia, que iba directamente a Buenos Aires- se cerró. Y esto cambió completamente la situación social en Paraguay. En 10 años se produjo miseria urbana donde no existía antes. Las fuerzas conservadoras del país no permitieron adoptar una ley de tierras más liberal lo que provocó una enorme migración del campo hacia la ciudad. Y la paradoja es que estamos hablando de un país que tiene mucha riqueza natural -agua, electricidad-, mucha tierra, poca gente, hay espacio para todos. Paraguay tiene solamente suelos tipo 1 y 2, unos veinticinco millones de hectáreas, igual que Paraná en Brasil que es nuestro mayor productor agrícola, el más moderno. Al otro lado de la frontera hay dos Paranás en Paraguay. Yo quiero finalmente decir que la riqueza y la pobreza son subproductos del sistema económico y político. No hay duda sobre eso. Lo que vimos en el caso de Paraguay fue una producción política de la miseria urbana, que hubiera podido evitarse si el país hubiese adoptado una política más democrática de acceso a la tierra veinte años atrás. Estos son algunos de los puntos para la reflexión en los debates de los próximos días. Estoy a su disposición para profundizar en todas estas cuestiones. Muchas gracias por la atención.
|
||||||||||