Nos hemos reunido en Santa Cruz esta semana para ampliar nuestro conocimiento y comprensión de la relación entre el problema de la tierra y la reducción de la pobreza, y para renovar nuestro compromiso colectivo de encontrar vías que faciliten el acceso seguro de los hombres y mujeres pobres a la tierra. En estos cuatro días han surgido varios temas prioritarios como producto de nuestros intercambios y de nuestra interacción con representantes del gobierno de Bolivia y con la sociedad civil, incluyendo agricultores y asociaciones de pueblos indígenas.
En primer lugar, la tierra es un punto alrededor del cual se establecen complejas relaciones sociales, económicas, culturales y políticas. El mismo espacio territorial puede tener significadas muy diferentes para diferentes personas y grupos. El propio tema de esta asamblea - La Tierra es Vida - refleja la idea que la tierra es más que un simple activo productivo o un espacio para recibir inversiones, de la misma manera en que la vida es mucho más que la producción y el crecimiento económico.
En segundo lugar, el acceso a la tierra y el control sobre los recursos naturales, como tales, no pueden erradicar la pobreza. Desde un punto de vista exclusivamente económico se reconoce actualmente que la tierra no es sino uno de muchos otros activos necesarios para la producción, y debe acompañarse del acceso al crédito, a insumos con precios justos, a servicios de capacitación y extensión, y a mercados. Estos son prerrequisitos para que las reformas agrarias tengan resultados y para que la tierra sea utilizada de manera equitativa, eficiente y sostenida.
La pobreza es, sin embargo, una manifestación de algo más que la carencia de activos económicos. La pobreza está también vinculada estrechamente a la exclusión de los procesos políticos, de los servicios básicos tales como salud y educación, y a la marginación de la propia cultura e identidad. Por lo tanto una reforma agraria debe ir de la mano con un mejoramiento en estos otros sectores básicos, así como con cambios en las estructuras de poder en las sociedades y entre las naciones.
En tercer lugar, la erradicación de la pobreza rural esta vinculada a la relación que los pobres rurales tienen con las áreas urbanas. Allí donde el acceso a la tierra no es posible, la migración hacia las ciudades incrementa la pobreza urbana y puede exacerbar la violencia en las ciudades. Este flujo de"refugiados sin tierra" se ha ampliado ahora mas allá de las fronteras nacionales. Por otro lado, una relación más estrecha entre las áreas rurales y urbanas puede contribuir al desarrollo rural, complementando los beneficios del acceso a la tierra por las familias rurales.
En cuarto lugar, si bien es cierto que el acceso y el control sobre la tierra es importante para que las poblaciones rurales afirmen su identidad cultural y sus instituciones locales, esto no debe ser interpretado como una falta de deseo por el cambio. La seguridad de los derechos sobre la tierra puede ser lograda en una diversidad de formas y, cuando se acompaña de otros servicios básicos y derechos ciudadanos, puede desatar la capacidad creativa de las mujeres y los hombres del campo para transformar sus propias vidas. Cultura es en el mismo tiempo un derecho y una fuerza de cambio. Con frecuencia la resistencia a los cambios que contribuyen a superar la pobreza y el hambre, provienen de las instituciones que toman las decisiones.
Asegurar los derechos de las mujeres a la tierra debe formar parte de cualquier reforma agraria. Aunque en mucho lugares del mundo las mujeres tienen el papel principal en la actividad agraria y en el uso de los recursos naturales, con frecuencia les es negado el derecho sobre la tierra por leyes y prácticas sociales y cultural discriminatorias, y por procesos políticos y administrativos. Allí donde prevalece el VIH/SIDA, las ventas forzadas de las activos y la falta de derechos hereditarios pueden causar que las mujeres pierdan la tierra, cuando precisamente ellas y sus familias la necesitan más. La igualdad intergeneracional es también una preocupación tanto para los niños como las niñas.
Es necesario que la Coalición asegure que la diversidad de puntos de vista sobre la tierra y su papel en el desarrollo no sólo sea expresada, sino también escuchada. En el ámbito nacional, los miembros y asociados de la sociedad civil de la Coalición están llamados a encontrar maneras creativas para involucrar a la población rural de manera directa en la toma de decisiones, en el fortalecimiento de las organizaciones populares, y en la generación de los análisis requeridos para fundamentar políticas sólidas. Nuestros miembros y socios intergubernamentales, por su lado, están llamados para aprovechar mejor sus relaciones con gobiernos y otros donantes y así influir a que el acceso a la tierra sea una prioridad en las agendas de desarrollo nacionales, y que se establezcan mecanismos democráticos para definir sus contenidos.
La Coalición debe abrir el debate sobre la diversidad de maneras y modalidades en razón de las cuales pueda asegurarse el derecho de los pobres a la tierra. La resolución de conflictos en curso sobre la tierra y la prevención de nuevos conflictos se sustenta en la habilidad de diseñar sistemas de tenencia que respondan a las necesidades y condiciones específicas de los países individuales. La Coalición debe también fortalecer y articular mecanismos locales, nacionales e internacionales para resolver conflictos vinculados a la tierra.
Los acuerdos internacionales referidos al acceso a la tierra ofrecen un punto a partir del cual pueden ser evaluadas las acciones de los gobiernos, tanto del Norte como del Sur. La Coalición llama a los gobiernos a concretar sus compromisos internacionales a través de leyes y políticas nacionales, de modo tal que los derechos sobre la tierra definidos en las convenciones mundiales sean promovidos, protegidos y respetados. Para apoyar esto, es necesario que la Coalición desarrolle modalidades que permitan hacer evaluaciones justas y precisas de si los gobiernos están cumpliendo los compromisos internacionales y de cómo lo hacen.
Con la finalidad de promover articulaciones entre procesos locales, nacionales e internacionales, la Coalición necesita ampliar y profundizar su red. Al ampliarlo, la Coalición debe encontrar mejores maneras de incluir organizaciones de agricultores y campesinos así como de otras organizaciones rurales, como de pescadores, de mujeres, de pastores, y de poblaciones indígenas, e instituciones que trabajan con los pobres urbanos. Al profundizarlo, las relaciones de la Coalición con las oficinas nacionales y regionales de los miembros intergubernamentales deben ser mejor aprovechadas, y con grupos de la sociedad civil, a través de redes regionales y nacionales que ya están asociadas con la Coalición.
Finalmente, debemos recordar que la fortaleza de la Coalición reposa en sus miembros y asociados. Cada organización en la red de la Coalición tiene diferentes experiencias, habilidades y esferas de influencia, que son recursos que nos permiten a todos hacer una contribución valiosa a nuestra misión. La necesaria comunicación activa, el intercambio de ideas e la información entre todos nosotros, con la facilitación de la Secretaría de la Coalición cuando sea necesaria, es la piedra angular sobre la cual basar nuestra acción colectiva.
Declaración de los participantes de la Asamblea Mundial 2005 de la Coalición Internacional para el Acceso a la Tierra, representando a la sociedad civil y las organizaciones intergubernamentales de 30 países.
Santa Cruz, Bolivia, 23 de marzo de 2005 |