Latidos que dan vida a las regiones semiáridas

Sandra Califano
Monday, December 10, 2018

Más de 40 personas de organizaciones de América Latina participaron de las jornadas de intercambio de saberes que se realizaron en la ciudad de Salta y en diferentes zonas del chaco salteño, del 6 al 10 de noviembre.

En el Semiárido la vida pulsa. En el Semiárido el pueblo resiste. En el Semiárido nadie le suelta la mano a nadie”. Esta frase, como una letanía que calaba el corazón, fue guiando la ronda que se armó al término de uno de los últimos encuentros que formaron parte de las jornadas “Intercambios de Saberes por los Semiáridos de América Latina- Acceso a los recursos naturales y el mapeo participativo - Chaco Trinacional".

El encuentro fue organizado por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA Brasil), el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), SEMEAR Internacional, la Plataforma Semiáridos y FUNDAPAZ;  con el apoyo de la International Land Coalition (ILC- AL) y el Centro de Desenvolvimiento Agroecológico Sabiá.

Alrededor de 40 personas participaron de exposiciones, debates y  reuniones con actores locales. El programa incluyó tres días de visitas a las zonas de  Morillo,  Los Blancos, Embarcación y Santa Victoria Este, al norte de Salta, donde se conocieron experiencias relacionadas con la ocupación efectiva de la tierra, el acceso al agua potable y la utilización de mapeos participativos.

La delegación estuvo integrada por representantes de los beneficiarios de los proyectos del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) en Brasil, en las provincias de Paraíba (Procase), Piauí (Viva o Semi-Árido), Sergipe (Dom Távora) y Ceará (Paulo Freire); miembros de la Plataforma Semiáridos América Latina (integrantes de FUNDAPAZ, de la  Articulación Semiárido brasileño (ASA); CERDET; del Centro de Desarrollo Agro-ecológica Sabiá, Nitlapan, y de FUNDE). También participaron representantes de la  iniciativa Land Matrix, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), la Fundación Avina; el Servicio Mundial de Iglesias (CWS); y SIPAE, entre otros.

El intercambio comenzó en la ciudad de Salta, con el foro “Acceso a la tierra, agua y otros recursos en América Latina”. En uno de sus paneles, Carlos Magno de Sabiá, haciendo referencia a cómo se vive en los Semiáridos de Brasil, relató que ante la falta de políticas públicas que hacen difícil la vida en esos territorios, se genera una resistencia de los pueblos por permanecer en esos espacios. “Esta realidad es muy parecida a la que se vive aquí en la Argentina”, destacó.

Los principales temas que se trataron en el foro fueron las acciones que se llevan adelante  en Semear Internacional, IICA, la ILC-AL, la Plataforma Semiáridos AL;  la experiencia de la Mesa de Acceso y Gestión del Agua de Salta;  la iniciativa Land Matrix; el Observatorio Nacional Argentina (NOA); la Red de Monitoreo Latinoamericana; el acceso al agua en el Chaco boliviano y casos de acceso a la tierra en Ecuador fueron entre otros,

Visitas a terreno

La partida de la ciudad de Salta para adentrarse en el chaco salteño fue generando interrogantes en los visitantes en cada kilómetro que se dejaba atrás. Cambios en la geografía y en el paisaje urbano acompañaron la transición hacia otra realidad: la del semiárido salteño.

Una realidad atravesada por profundos signos de pobreza, falta de un recurso indispensable como es el agua, ausencia de obras de infraestructura, escasos servicios de salud y educación y conflictos relacionados con la tenencia de la tierra. Sin embargo, es a la vez una zona donde se están llevando adelante importantes experiencias que dan respuesta a estas necesidades; experiencias que se logran en base a la consolidación de las organizaciones campesinas e y al trabajo articulado con los diferentes actores sociales.

Un ejemplo de ello es lo que sucede en Los Blancos en el paraje “Quince viviendas”, donde hay una cisterna para cosechar agua de lluvia que se construyó en la Escuela N° 4815 Misión Lewhetes. La escuela tiene nivel primario e inicial, y una matrícula de 70 alumnos, el 95% wichi. “Esta obra se hizo con un proyecto que presentamos a Desarrollo Social de Nación. Como aquí el agua está contaminada con arsénico no la podemos tomar. Antes el Municipio nos traía agua, pero no en el tiempo que necesitábamos. Ahora, con esta cisterna tenemos agua para consumo y por eso vienen chicos de otras comunidades que antes no venían “, contó el director Juan Carlos Cisneros.

El recorrido siguió por la sede de la Zonal Campesina Los Blancos, donde su presidente, Antonlín Zoraire, explicó cómo está formada la organización, el proceso de regularización territorial desarrollado en la zona, los desafíos y conflictos que aún existen. “Cuando empezamos a hacer mapeos participativos eso tuvo un gran impacto en la zona. Recuerdo que una vez tuvimos un encuentro con gente de la Sociedad Rural y le planteamos varias demandas, pero cuando nos preguntaron dónde estábamos ubicados no le pudimos responder bien. La segunda vez, fuimos con los mapas debajo del brazo, pudimos visibilizar bien toda la zona donde estamos, los recursos y las demandas que tenemos. Ahí nos posicionamos de otra manera”, contó  Soraire en un pasaje de la charla.

Las preguntas de los visitantes sobre diferentes aspectos de la vida social y productiva del lugar amenizaron cada encuentro. Las presentaciones de los participantes, los comentarios sobre las experiencias que llevan adelante en sus países para solucionar problemas similares que se viven en las regiones semiáridas y las canciones lideradas por las mujeres brasileñas, sumaron aprendizajes, color y sentimiento a los diálogos que nacieron en cada punto del recorrido.

El viaje siguió por el Lote 8, donde Anacleto Montes el cacique de la comunidad wichí que vive allí, explico cómo se fue desarrollando el proceso organizativo y la capacitación que hizo posible que construyera una estructura para cosechar agua de lluvia en bidones y una cisterna de placa para almacenarla. Luego, Lucía Ruiz, presidenta de la organización Unión y Progreso recibió a la delegación en el Predio de los Campesinos, un espacio cerca de Morillo, que gestionan 9 organizaciones criollas. Allí, realizan ferias, se capacitan y hacen remates de animales. “Hace 9 años que venimos trabajando por el derecho al agua y a la tierra como derecho humano”, dijo Lucía Ruiz al iniciar su presentación.

La localidad de Santa Victoria Este, ubicada a la vera del río Pilcomayo, fue el último punto del recorrido. Allí  en la comunidad wichi La Curvita, el cacique Rogelio Segundo, contó como fue el proceso de regularización territorial en los ex lotes fiscales 55 y 14 donde se utilizó el mapeo participativo como una de las metodologías de trabajo que sirvió para llegar a acuerdos y diálogos entre criollos, wichí  y el Estado. Se sumó una visita a la sede de la Organización de Familias Criollas (OFC) donde se presentó la Mesa de gestión de Santa Victoria Este, un espacio donde están presentes representantes de distintas instituciones que actúan en la zona para atender las problemáticas locales.

“Para IICA es un honor ser parte de este encuentro. Junto con Semear creemos que estar cerca de los campesinos y que puedan hacer intercambios de conocimientos es muy bueno para todas las familias y las comunidades de Brasil que se benefician con los proyectos”, destacó Rodolfo Daldegan, especialista en cooperación técnica de IICA Brasil, durante el recorrido.

“Me parece espectacular ver cómo se desarrolla esta sinergia. Ver en terreno las cisternas donde se cosecha agua de lluvia, es una muestra de lo potente que puede ser el trabajo organizado. Como miembro de Land Matrix es importante conocer cómo se están dando estos procesos, la metodología y los enfoques”, agregó Marcela Alvarado, a cargo del monitoreo agrario en SIPAE.

La historia de Mateo, es una entre tantas que se compartieron en el intercambio. Él es un joven del pueblo Tremembé de la Barra del Mundaú. Una comunidad indígena ubicada a 55 km del municipio de Itapipoca, en el estado de Ceará (Brasil). Estudia ingeniería agrónoma y coordina la casa de semillas criollas. Su comunidad, que es matriarcal, vive cerca de la playa. En 2002 un grupo inmobiliario español planificó construir un complejo hotelero a gran escala en tierras Tremembé y allí se inicia un conflicto por la defensa de la tierra que aún continúa. Los jóvenes de su comunidad se capacitaron para poder realizar “etno mapeos” una herramienta que permitió demarcar 3.580 hectáreas.

La formulación de posibles planes de innovación por parte de las organizaciones que participaron de esta experiencia, fue el broche final de este intercambio de saberes por los semiáridos de América latina. Regiones, donde la vida late por medio de estrategias que conviven con el ambiente.

 

Vea la publicación original aquí: http://www.fundapaz.org.ar/boletin/puente-99/