“Ni la tierra ni las mujeres, somos territorios de conquista”

Soledad de León - Fundación Plurales
Wednesday, January 2, 2019

Este relato en primera persona, habla de sueños personales que se fueron redefiniendo y resignificando en el andar colectivo. Y hablo desde el sentir, porque estoy convencida que todas nuestras acciones en defensa de la tierra, las comunidades y los derechos de las mujeres; más fuerza cobran...

El rol de las ONG en Naciones Unidas[1].

En 2018, Argentina participó, entre el 24 y 28 de Septiembre, en la Sesión Nro.64 del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (DESC) para dar cuenta de los avances respecto a los compromisos asumidos en el marco de este tratado. Además de los reportes presentados por los Estados, la sociedad civil presentó más de veinte informes alternativos para dar cuenta de lo que todavía falta[2].

Tres de las organizaciones miembro de la ILC que promovemos la Estrategia Nacional de Involucramiento (ENI) en Argentina –Fundapaz, Redes Chaco y Fundación Plurales- elaboramos un informe que da cuenta de la situación que viven las mujeres de las zonas rurales del Gran Chaco Argentino y Puna, en materia de derechos económicos, sociales y culturales.

El informe, que fue organizado por Fundación Plurales y que contó con el apoyo de la ILC, comenzó con un taller de formación -con la participación de Priti Darooka de PWESCR- a representantes de organizaciones y comunidades de distintas provincias[3]. Estas representantes replicaron el taller en sus territorios, y es allí donde las mujeres protagonistas de estas realidades establecieron los puntos centrales que querían que aborde el informe. Una vez sistematizada esta información, se complementó con evidencias que pudieran dar cuenta de lo manifestado por las mujeres. 

Junto con Silvana Morel, compañera del Ayllus de Abralaite, participamos de la Sesión en la sede de Naciones Unidas en Ginebra, presentando los puntos más relevantes del informe.

 

Naciones Unidas desde mis zapatos[4].

Contar esta historia desde mis zapatos, hace necesario compartir una parte de mí que se remonta a mis 16 años. Participaba en la escuela en una especie de competencia intercolegial llamada “Modelos de Naciones Unidas”, en la que hacíamos un simulacro, representando países y órganos de la ONU.  Soñaba con que algún día ese fuera mi trabajo. A los 18, decidí estudiar trabajo social, pensando que eso implicaba dejar la ONU de lado. Doce años después, la vida, las mujeres, Plurales, la ILC... múltiples esfuerzos y generosidades de tantas personas, me permitieron concretar ese sueño. Conversando con mis compañeres de Plurales antes de la sesión, les decía que estaba contenta de vivir esto desde otro lado: siempre había imaginado estar en la ONU representando al Estado. Las comunidades rurales, los relatos de las mujeres, las visitas a los territorios, el clima impidiéndonos cumplir con los planes, el acarreo de agua, los testimonios de las comunidades sobre la lucha por la tierra... Todas esas experiencias no fueron en vano, me hicieron entender que, si había que poner una palabra en Naciones Unidas, no era representando al Estado, sino defendiendo a los pueblos. Porque a pesar de que el Estado debe respetar y garantizar nuestros derechos, es, muchas veces, el primero en violarlos.

 

Diferencias que suman y se potencian.

Una de los grandes enseñanzas que las comunidades rurales me brindaron, fue la necesidad de reconocernos como diferentes. Con iguales derechos, pero distintes. Me enseñaron que podíamos trabajar y articular en proyectos por la defensa de los territorios, pero que nuestras realidades son diferentes. Que negar esas diferencias, las invisibiliza. Me estaban enseñando de qué se trata una efectiva gobernanza de la tierra centrada en las personas.

Con esos aprendizajes presentes, cómo no preguntarme si era digna de ocupar ese lugar en Naciones Unidas. De ir en nombre de las Mujeres Rurales y hablar de realidades que me tocan vivir cuando voy al campo, pero que no forman parte de mi cotidiano. Afortunadamente Silvana pudo acompañarme, y ahí sentí que el viaje cobraba un sentido integral. Desde Plurales siempre defendimos con convicción, la necesidad de participar de estas instancias en dupla: fortaleciendo los capitales y potencialidades desde esas diferencias que reconocemos, de las organizaciones técnicas y de las organizaciones de base. De los distintos aportes y saberes complementarios que se ponen en juego en las instancias internacionales como es la ONU para lograr mayor incidencia. Y sobre todo, por el poder transformador y movilizador de la experiencia. Las palabras de Silvana, lo confirmaron:

“Siento que por ahí muchas compañeras no logran dimensionar el impacto de este trabajo, porque no han podido presenciar, estar ahí, en la sede de Naciones Unidas. Realmente es imponente. (...) Muy agradecida por la posibilidad de llegar hasta Ginebra. Como mujer rural, como mujer indígena, para dar este mensaje. Y realmente vine muy fortalecida, con muchas ganas de seguir adelante. Por ahí había momentos en que ya estaba cayendo. Porque en la lucha, es como que nadie nos escuchara, que todos nos dan la espalda. Los fallos de los jueces nos rechazaron los pedidos de frenar los desalojos y cuidado del bosque nativo. (…) Me sentí muy contenida, me sentí oída por el comité, que nos pueda escuchar sobre la situación de vulnerabilidad de las mujeres en estos lugares.”

 

Los desafíos.

Fue un gran desafío durante la sesión, poner el foco en la problemática de las mujeres rurales, frente a un Comité que aborda tanta diversidad de temas y que no tenía en agenda esta temática. A pesar de los esfuerzos de la ONU en transversalizar el enfoque de género en la organización, quedó en evidencia que sin las dos aliadas feministas que se encontraban entre el comité, las mujeres rurales hubieran sido la última prioridad. Incluso el experto en “temas indígenas” hizo alusión a diversas problemáticas de las comunidades rurales en general, sin especificar las extremas condiciones que sufren las mujeres. Parece que a nadie conmovía, que las cifras de feminicidio, violencia contra mujeres, muertes por abortos clandestinos y mortalidad materna se tripliquen en las zonas rurales argentinas.

Ahora está el gran desafío, que esa voz, que eso que hemos dicho allá, que hemos podido compartir en la sesión de la ONU, pueda tener impacto en Argentina.” dijo Silvina al regresar.

El desafío es que podamos tomar este informe y sesión de Naciones Unidas, como un punto de partida, y no como uno de llegada. Como una puerta que se abre, hacia la compleja y dificultosa tarea de monitorear el cumplimiento de las recomendaciones hechas por el comité. Si fue una enorme tarea poner en foco ante el comité la realidad de las mujeres rurales, más aún lo será, ponerlo frente al Estado.

Es importante destacar que el Comité sólo puede realizar recomendaciones sobre los temas que se abordan en la sesión, sobre las preguntas que se le hace al Estado en la instancia de intercambio con éste. Ahí radica la vital importancia de nuestras presencias en Ginebra. Hay recomendaciones específicas sobre las mujeres rurales, porque pudimos estar ahí para defender el informe ante el Comité. Han instado claramente al Estado, sobre cuál es el camino a seguir. Ésta es nuestra herramienta para reclamar por un efectivo cumplimiento de los derechos de las mujeres rurales Argentinas.

Un ejemplo contundente es el uso que le han dado a las recomendaciones Silvana junto a su comunidad. Presentaron las recomendaciones que hizo el Comité, ante el Superior Tribunal de Justicia de la Provincia de Jujuy, por un caso donde se está violando la consulta previa, libre e informada de las comunidades indígenas en un proyecto extractivista de su región.

 

Lea el Informe Alternativo la  “Situación de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Mujeres Rurales Argentinas del Gran Chaco y Puna“.

 


[1]               Los estados que conforman la Organización de Naciones Unidas, sesionan periódicamente frente a los distintos comités de los tratados internacionales que estos países firman y ratifican. Las organizaciones de la sociedad civil de cada país, tenemos la oportunidad de presentar ante dichos comités, un informe alternativo o “sombra” al que presenta el Estado.

[2]               Se presentaron variados informes, sobre la necesidad de incrementar el impuesto al tabaco, incorporar etiquetado responsable/transparente de comestibles, criminalización de la protesta, el rechazo en senadores del proyecto de legalización por el aborto legal, incumplimiento de leyes que protegen a pueblos originarios,

[3]               De la zona que abarcaba el informe, Gran Chaco y Puna.

[4]               En este blog, reflexionaré sobre mis sensaciones y vivencias. Y en tanto fiel creyente de lo colectivo, confío que en alguna medida, hablar de mí, es hablar de tantas mujeres rurales que me han enseñado y transformado.