Los derechos a la tierra de los refugiados en Uganda parecen seguros, pero aún queda trabajo por hacer para mantener la paz en África subsahariana

Domingo, 23rd Julio 2017

Con más de 2 800 refugiados que llegan al norte de Uganda cada día, el Gobierno está tomando medidas para mejorar sus derechos a la tierra.

Mientras que en muchos lugares del mundo las personas se van a la cama todas las noches para descansar, los brutales conflictos en Sudán del Sur empujan a la población a emprender un peligroso viaje destino a Uganda. Al amanecer, cientos de familias inundan las puertas de los campamentos de refugiados en el norte de Uganda, algunos han recorrido hasta 347 kilómetros en busca de estabilidad.  A su llegada, los nuevos huéspedes suelen estar desnutridos, exhaustos y muy sedientos. Según las estimaciones del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), cada día llegan más de 2 800 refugiados al norte de Uganda. La guerra y el hambre en Sudán del Sur ha provocado que 5 millones de personas corran el riesgo de padecer hambre extrema  morir, por lo que son muchos los que huyen de unas condiciones de vida muy difíciles.

La tierra para los refugiados: una política progresista

Gracias a las políticas liberales sobre refugiados en Uganda, los migrantes no se ven obligados a detenerse ante alambradas de púas, sino que el país los recibe con una calurosa bienvenida  y ofrece  a los refugiados un lugar donde vivir, cultivar la tierra y trabajar. En un momento en que muchas naciones cierran sus puertas ante la llegada de refugiados, Uganda está abierta a acoger a un número todavía mayor. Además, el Gobierno ugandés inaugura parcelas permanentes de reasentamiento para los refugiados y los alienta a dedicarse a la agricultura y emprender pequeñas actividades empresariales.

No es inusual que la ILC  reconozca reformas agrarias tan amplias y revolucionarias como esta ya que trabaja con la sociedad civil y organizaciones intergubernamentales para proteger y fortalecer los derechos a la tierra de mujeres y hombres pobres que se enfrentan a situaciones difíciles, exclusiones, desalojos y, en ocasiones,  guerras.

A menudo, las personas desplazadas son extremadamente vulnerables y tienen problemas a la hora de obtener una vivienda, tierras y derechos de propiedad. Es por ello que simpatizantes y los principales medios de comunicación de todo el mundo apoyan la política de puertas abiertas.  En un artículo de  The Guardian, Larry Elliot afirma: “A diferencia de muchos países occidentales, Uganda no ha demonizado a los recién llegados. El Gobierno ha dado a los refugiados tierra y semillas confiando en que estarán mejor si se construyen una nueva vida por sí mismos que en un campamento de brazos cruzados".

Se calcula que en Uganda viven 950 000 refugiados de Sudán del Sur. Como señala Julian Hattem del Washington Post, si la vida en el campo no es lo suficientemente buena para ellos, "siempre pueden desplazarse libremente por el país, viajar a las ciudades o a la bulliciosa capital de Kampala, donde 95 000 refugiados han creado su hogar".

Sería mejor trabajar para mantener la paz regional en lugar de ocuparse de las consecuencias de los conflictos

Si bien los esfuerzos de desarrollo innovadores como la obtención de derechos de propiedad y de tierras para los refugiados son buenos y a menudo ben recibidos, si no existe un plan a largo plazo el riesgo de fracaso es enorme. En una carta abierta conjunta dirigida a la Cumbre para la Solidaridad de Uganda sobre Refugiados de 2017, Arthur Larok, Director de País de Action Aid Uganda y otros 12 líderes de la sociedad civil señalaron a la atención de líderes mundiales y nacionales los problemas a largo plazo relacionados con la tierra que podría causar la afluencia de refugiados, en particlar para las comunidades de acogida. Instaron al Gobierno a que orientara su política exterior hacia el mantenimiento de la paz regional.

Su declaración en la Cumbre fue clara:

"... La crisis de los refugiados en la región de los Grandes Lagos es real y cualquier respuesta para restablecer la dignidad y los medios de subsistencia de los más de 1 200 000 refugiados registrados que llegan a Uganda a través de diversos organismos humanitarios debe ser reconocida. Sin embargo, cualquier solución a largo plazo a esta crisis no puede depender de gestos humanitarios y caritativos, sino que requiere que se aborden las raíces políticas del problema. La actual crisis de refugiados, los desplazamientos masivos y la presión significativa que se ejerce sobre las comunidades de acogida es el resultado de un fracaso de las políticas de la región... "

A fin de convertirse en un ejemplo para los países que enfrentan crisis, los líderes de la sociedad civil llegaron a la conclusión de que debían centrarse en apoyar los esfuerzos individuales y colectivos para restaurar el estado de derecho y la democracia (en naciones devastadas por la guerra).

Las lecciones extraídas del trabajo realizado con desplazados internos y la documentación de las leyes consuetudinarias pueden desempeñar un papel importante

Pensando en el futuro, el miembro de la ILC, Land and Equity Movement Uganda (LEMU), documentó los problemas relacionadas con los desplazados internos durante los ataques del Ejército de Resistencia del Señor en el este de Uganda en 2010. Los datos del estudio revelan que a las mujeres y otros grupos vulnerables se les "ofrecieron" tierras dentro de los campamentos de desplazados internos y describen las luchas que enfrentaron para regresar a sus hogares, además de los diferentes problemas que surgieron para las comunidades de acogida.

En el noroeste de Uganda, alrededor del Nilo occidental, LEMU también documenta las leyes consuetudinarias de tres tribus, el Alur, Aringa y Lugbara. Los refugiados que se encuentran en estas zonas podrían beneficiarse de un mayor conocimiento de dichas leyes con miras a protegerse.