Asegurar la propiedad de la tierra, abrir nuevas oportunidades
La nueva hoja de ruta quinquenal (2026-2030) se basa en los resultados que ya han beneficiado a miles de agricultores, mujeres y comunidades indígenas en cinco países.
Para las familias rurales, la garantía de los derechos sobre la tierra puede suponer la diferencia entre invertir en oportunidades y vivir en la incertidumbre. Para ayudar a abordar este reto, el FIDA y la Coalición Internacional para la Tierra (ILC) han renovado su colaboración de larga data mediante una nueva Hoja de ruta de colaboración estratégica hasta 2030.
El FIDA no es solo un socio de la ILC, sino también uno de sus miembros fundadores y su sede. Juntos, han logrado resultados tangibles en distintos países.
En Madagascar, los socios crearon comités locales de mediación sobre la propiedad de la tierra y realizaron un inventario de más de 1.600 hectáreas de terreno para facilitar la asignación negociada y reducir el riesgo de conflictos. En Camerún, elaboraron un mapa de la situación de la tenencia de la tierra en 125 hectáreas y ocho emplazamientos del proyecto con el fin de identificar los conflictos antes de que se agravaran.
En Kirguistán, una subvención de 2,5 millones de dólares estadounidenses ayudó a 7.500 agricultores, muchos de ellos mujeres, a adoptar una agricultura ecológica resistente al cambio climático. En la República Democrática del Congo, se integró un proceso de consentimiento libre, previo e informado con las comunidades indígenas en un importante proyecto de inversión rural.
A medida que aumentan las presiones climáticas y la inversión en el medio rural se vuelve más urgente, la seguridad de la tenencia de la tierra se reconoce cada vez más como la base de la seguridad alimentaria, la resiliencia y la estabilidad. La nueva hoja de ruta responde directamente a ello: integrar la gobernanza de la tierra en las inversiones apoyadas por el FIDA, reforzar la colaboración con los socios nacionales y ampliar los enfoques que benefician a las mujeres, los jóvenes, los pueblos indígenas y las comunidades pastorales.
Durante los próximos cinco años, el FIDA y la ILC tienen previsto actuar en al menos 12 países y proyectos, con el fin de mejorar el acceso a la tierra y a los recursos naturales de la población rural.
Con el respaldo de la red de ILC, formada por más de 320 organizaciones repartidas por 86 países, esta alianza combina un alcance global con la experiencia local y unas relaciones de confianza con la comunidad.
El objetivo común es claro: dotar a la población rural de derechos sobre la tierra garantizados para que pueda labrarse un futuro más resiliente y próspero.