La mayor parte de la tierra en el mundo no tiene propiedad documentada y la incertidumbre va en aumento
Nueva investigación de FAO, ILC y CIRAD
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Roma/Cartagena de Indias, Colombia – Aunque en los últimos 20 años se han logrado avances en materia de tenencia y gobernanza de la tierra, solo el 35 % de la tierra a nivel mundial tiene formalmente documentados sus derechos de propiedad, tenencia o uso, según el informe La Situación de la Tenencia y la Gobernanza de la Tierra, publicado hoy.
Unos 1.100 millones de personas —casi una de cada cuatro personas adultas— consideran probable perder los derechos sobre la totalidad o parte de su tierra y vivienda en los próximos cinco años; y esta cifra ha aumentado notablemente en los últimos años, destaca el informe elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Coalición Internacional para el Acceso a la Tierra (ILC) y la organización francesa de investigación agrícola y cooperación CIRAD.
La seguridad en la tenencia es un catalizador fundamental para una gobernanza responsable de la tierra. Contar con derechos sobre el control y la toma de decisiones en torno al uso de la tierra permite adoptar decisiones productivas y ambientalmente sostenibles, fomenta la estabilidad y la paz, y brinda a las personas la confianza necesaria para invertir. Aunque ha habido ciertos avances en el establecimiento y la ampliación de la seguridad en la tenencia y de la gobernanza de la tierra a nivel internacional y nacional, estos han sido lentos, y su impacto en el terreno aún más lento, lo que subraya la necesidad de un mayor compromiso político y políticas más inclusivas.
“La inseguridad en la tenencia de la tierra es una de las formas más perjudiciales de desigualdad; se traduce en menor productividad, menor resiliencia y peor nutrición. La tenencia segura permite inversiones sostenibles y marca la diferencia entre la supervivencia a corto plazo y la seguridad alimentaria a largo plazo”, señaló Máximo Torero Cullen, Economista Jefe de la FAO.
“Demasiadas personas viven aún con el temor de perder su tierra y sus hogares, y las mujeres y la juventud siguen siendo de los grupos más excluidos —una realidad que socava la seguridad alimentaria, la acción climática y la protección de la biodiversidad, y demuestra por qué los derechos seguros a la tierra son fundamentales para alcanzar estos tres objetivos.”, afirmó Marcy Vigoda, Directora de la Coalición Internacional para el Acceso a la Tierra (ILC).
El nuevo informe es el primer balance global integral diseñado para monitorear cómo se posee, usa y gobierna la tierra. Se basa en un amplio conjunto de insumos, complementa dos décadas de orientación reflejadas, especialmente, en las Directrices Voluntarias sobre la Gobernanza Responsable de la Tenencia de la Tierra, la Pesca y los Bosques (DVGT), y responde a la creciente demanda de vincular los derechos a la tierra con la acción climática, la protección de la biodiversidad, la igualdad de género y la transformación rural.
“Cuando generamos evidencia con y para todos los actores, creamos la base para políticas públicas más sólidas, transparentes y equitativas —tanto a nivel nacional como internacional.”, dijo Sélim Louafi, Subdirector de Investigación y Estrategia en CIRAD.
Mapeo de la situación
Los Estados tienen la propiedad legal de más del 64 % de la tierra a nivel mundial, aunque esto incluye tierras consuetudinarias con derechos de tenencia designados, pero sin propiedad documentada.
Un poco más de una cuarta parte de toda la tierra se sabe que pertenece de forma privada a individuos, empresas o colectivos. En el 10 % restante, el estatus de tenencia es desconocido.
En términos más específicos, alrededor del 18 % de la tierra a nivel mundial —equivalente a 2.400 millones de hectáreas— pertenece a individuos y corporaciones privadas.
A escala global, si se consideran las tierras agrícolas (aproximadamente el 37% del área terrestre mundial), el 10 % de los predios más grandes opera el 89 % de toda la tierra agrícola, en términos agregados.
Diferencias regionales
Los sistemas de tenencia de la tierra varían enormemente entre regiones. En África subsahariana, el 73 % de la tierra se rige por sistemas consuetudinarios, aunque solo el 1 % está reconocido formalmente como tal, mientras que la mayor parte del resto se encuentra sin documentar y bajo propiedad estatal. En Asia Oriental y Sudoriental predomina la tierra estatal, con un 51%, y solo el 9 % está en propiedad privada.
La propiedad privada representa el 32 % en América del Norte, el 39 % en América Latina y el Caribe, y el 55 % en Europa (excluida la Federación Rusa, donde domina la propiedad estatal).
La brecha entre la tenencia real y la documentación legal se ejemplifica en que, aunque los Pueblos Indígenas y otros titulares de derechos consuetudinarios ocupan 5.5 mil millones de hectáreas (42% de la tierra a nivel mundial), solo mil millones de hectáreas —8%— cuentan con derechos de propiedad claros. Esto deja más de un tercio del carbono almacenado del mundo y el 40 % de sus bosques intactos en riesgo de quedar en un limbo legal.
Los hombres tienen más probabilidades que las mujeres de poseer o tener derechos seguros sobre la tierra en casi todos los países con datos, y la brecha de género supera los 20 puntos porcentuales en casi la mitad de ellos.
El informe también revela que las explotaciones agrícolas más grandes —aquellas de más de 1.000 hectáreas— operan más de la mitad de toda la tierra agrícola, mientras que el 85 % de los agricultores del mundo gestionan menos de dos hectáreas, lo que representa solo el 9 % de la tierra agrícola mundial.
El informe señala que, aunque solo 12 países en el mundo han reportado los tres indicadores relacionados con la tenencia de la tierra de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, actualmente se observa una aceleración significativa en la presentación de informes.
Explorando las tierras consuetudinarias
El informe examina en detalle los sistemas de tierras consuetudinarias debido a su gran importancia en el mundo. Estos sistemas —custodiados por Pueblos Indígenas, pastores y grupos tribales— son cada vez más reconocidos como dinámicos y vitales tanto para las personas como para el planeta, ya que contribuyen de manera significativa a los desafíos de biodiversidad y clima.
Alrededor del 77 % de todas las tierras consuetudinarias registradas —equivalentes a 4.200 millones de hectáreas— han sido mapeadas, aunque a menudo solo de manera indicativa. El 30 % se encuentra en América del Norte y Europa, incluido un gran porcentaje en la Federación Rusa; el 28 % en África; el 18 % en Asia; y el 12 % tanto en América Latina y el Caribe como en Oceanía.
Estos territorios consuetudinarios mapeados albergan alrededor de 45 gigatoneladas de carbono irrecuperable —que no puede recuperarse a tiempo para evitar daños climáticos— principalmente en biomas forestales, lo que equivale al 37 % del total mundial.
Sin embargo, las tierras consuetudinarias enfrentan crecientes presiones humanas: expansión urbana, infraestructura de transporte, agricultura industrial a gran escala, extracción de petróleo y gas y minería. Paradójicamente, algunas soluciones climáticas orientadas a energías renovables, biocombustibles, conservación y compensaciones de carbono también están aumentando estas presiones, especialmente en tierras sin reconocimiento formal o protección. Análisis preliminares indican que el 19 % de los paisajes forestales intactos, el 15 % de los puntos críticos de carbono irrecuperable y el 7 % de las áreas clave de biodiversidad ubicadas en tierras consuetudinarias mapeadas carecen de reconocimiento formal por parte del Estado.
Las preocupaciones ambientales y climáticas están impulsando nuevas adquisiciones de tierras a gran escala, a menudo financiadas por fondos de pensiones. Aunque los datos no son claros, el informe Land Gap Report de 2022 advirtió que los compromisos nacionales de neutralidad de carbono implican remociones de carbono basadas en la tierra que requerirían cerca de 1.2 mil millones de hectáreas, aproximadamente el equivalente a todas la superficie mundial de tierras de cultivo.