un resumen del Laboratorio de Justicia de Género
Los Laboratorios de Justicia de Género del ILC nacieron en 2023 con el objetivo de facilitar debates profundos sobre los enfoques con justicia de género en el sector del desarrollo. El pasado 26 de junio, el Laboratorio de Justicia de Género «Financiamiento para el Feminismo» reunió a cinco ponentes clave de GIZ, ONU Mujeres, Plurales, WGWLO y NLC Sudáfrica para analizar los desafíos y las posibles soluciones en la financiación de enfoques feministas, sensibles al género y con justicia de género en temas de derechos sobre la tierra.
La retórica antigénero
Isa Mahmut, de GIZ, abrió el evento y destacó el crecimiento de las ideologías antifeministas y antiderechos, especialmente entre quienes toman las decisiones de financiamiento y lideran el debate en torno a los proyectos de desarrollo. Describió con contundencia su propósito: «desestabilizar, dividir y conquistar».
Como consecuencia, las organizaciones de mujeres no solo enfrentan la reducción general de los recursos destinados al desarrollo, sino también recortes específicos dirigidos a la igualdad de género, cada vez más presentada como una cuestión ideológica en lugar de un tema central para el desarrollo. Esta retórica perjudicial se manifiesta mediante desinformación intencional, campañas organizadas y la deslegitimación de las organizaciones de mujeres.
Otras ponentes también mencionaron las presiones antifeministas; entre ellos, Verónica Luna, de Plurales, quien destacó la lucha de su organización contra la ideología antigénero a nivel mundial y, específicamente, sus manifestaciones en Argentina. En Sudáfrica, Laurel Oettle señaló el aumento global de la violencia afrofóbica, que afecta de manera desproporcionada a las mujeres y los niños, así como la creciente sensibilidad hacia el término «género», a pesar de que este forma parte del marco jurídico nacional.
Disminución de la financiación global
Zohra Khan (ONU Mujeres) abrió su intervención con un dato contundente: en 2025, no solo hubo una caída del 23,1 % en la ayuda oficial al desarrollo (AOD), sino que menos del 1% se destinó a organizaciones de derechos de las mujeres. Su principal argumento fue claro: las organizaciones feministas son fundamentales, pero continúan estando insuficientemente financiadas.
Laurel también destacó la rapidez con la que se están reduciendo los recursos destinados a la tierra y al feminismo, en un contexto cada vez más impredecible e inestable. Además, señaló que importantes cambios legislativos que afectan a las organizaciones sin ánimo de lucro están aumentando la presión sobre las organizaciones de mujeres. Verónica añadió que estas reformas suelen relegar los procesos de largo plazo, obligando a desarrollar acciones de muy corta duración, generalmente de entre seis y doce meses como máximo.
Los desafíos de las organizaciones de base
“No somos financiables a nivel global” — Pallavi Sobti-Rajpal (WGWLO)
Como subrayó Zohra, en un contexto de reducción de fondos y de contracción del espacio cívico, es imprescindible priorizar el financiamiento de las organizaciones de base. Mahmut añadió que los recortes presupuestarios están dificultando la implementación de proyectos con justicia de género. En muchos casos, estas organizaciones se ven “obligadas a hacer más con menos recursos”.
Verónica abordó varios desafíos fundamentales que enfrentan las organizaciones de base. Su organización busca desarrollar nuevas estrategias para abordar las preocupaciones ambientales, priorizando la financiación que pueda apoyar directamente a las organizaciones de mujeres, al tiempo que preservan la vida y los ecosistemas en sus territorios y se adaptan a las luchas locales para dar visibilidad a las mujeres.
Pero mientras luchan por obtener financiamiento en un sector de desarrollo cada vez más reducido, han tenido que evitar ciertas «palabras de moda», como feminismo y cambio climático. También coincidió con Isa en que, en Argentina, las personas pueden ser perseguidas por recibir fondos internacionales, lo que obliga a extremar las precauciones para no exponer a riesgos a las mujeres que reciben apoyo.
Entre los principales desafíos mencionados por Pallavi se encuentran el hecho de que las instituciones gubernamentales nacionales no siempre cumplen con los estándares internacionales; las organizaciones de base tienen poca visibilidad para acceder a financiación; y su trabajo no resulta fácil de adaptar a los formatos exigidos por los donantes. Generar un cambio estructural y una transformación a largo plazo para las mujeres requiere un trabajo que es intangible y, por lo tanto, difícil de medir para los donantes.
Soluciones para el futuro
A nivel global, la incorporación de la perspectiva de género y los presupuestos con perspectiva de género son cruciales. Como destacó Isa, las organizaciones de mujeres deben considerarse una parte fundamental de la democracia y los derechos humanos. Incorporar los derechos de las mujeres en distintos proyectos exige enfoques interseccionales y, en ocasiones, formas innovadoras de pensar, tal como destacó Zohra al referirse a los beneficios de los presupuestos con perspectiva de género. También propuso que los donantes adopten enfoques más flexibles, simplifiquen los mecanismos de acceso y ofrezcan apoyo directo que priorice a los actores y las agendas feministas.
Otras soluciones siguieron esa misma línea. Pallavi hizo hincapié en la necesidad de garantizar que el trabajo que estamos realizando no haga que las mujeres dependan de la organización, sino que las empodere mucho más allá de ella. Esto solo puede lograrse mediante el financiamiento directo y flexible de las organizaciones de mujeres. La red de Laurel, NLC Sudáfrica, está explorando formas de aumentar la flexibilidad del financiamiento para poner más dinero directamente en manos de las mujeres. Entre sus estrategias se encuentra la generación de ingresos propios, no sujetos a restricciones externas, que fortalezcan su independencia financiera.
Por último, se destacó el valor de las redes internacionales. Pallavi abordó la necesidad de que los financiadores comprendan la infraestructura social de las redes como una forma de capital, ya que puede ser crucial para movilizar financiamiento, diseño conjunto y fuerza colectiva. Afirmó que «la infraestructura más profunda de cualquier movimiento social es humana y está muy ligada a las relaciones». Esto también incluye la necesidad de invertir en el intercambio de conocimientos Sur-Sur, y, como añadió Verónica, amplificar las voces de las mujeres locales en los espacios internacionales.
La coordinación entre los ámbitos nacional e internacional, impulsada por redes como la ILC y por iniciativas como el Laboratorio de Justicia de Género y Women 4 Women, es clave para avanzar en este camino